Blog Published

Blog_144111539677_S

144111539677


Una de las muchas razones por las que sigo la peregrinaci�n cuaresmal de las estaciones de las iglesias a trav�s de Roma es porque, adem�s del itinerario �nico de santidad, uno descubre joyas de arquitectura y dise�o, creadas en honor de los primeros m�rtires romanos, que de otra manera permanecer�an escondidas. Quiz�s la m�s imponente de estas es la de Santa Pr�xedes en la colina del Esquilino, escondida detr�s de la inmensidad de Santa Mar�a la Mayor. Como lo expresa mi coautora Elizabeth Lev en Roman Pilgrimage: The Station Churches  (Peregrinaci�n Romana: Las Estaciones de las  Iglesias, de Basic Books), �la peque�a Bas�lica de Santa Pr�xedes es un sorprendente cofre del tesoro, su zagu�n deslucido se abre a un interior de mosaicos deslumbrantes�.

Ese zagu�n deslucido es una raz�n por la que muchos visitantes romanos, incluidos los turistas m�s diligentes, se pierden a Santa Pr�xedes, pues su exterior no ofrece indicaci�n de las maravillas en su interior. De hecho, me parece que pas� frente a Santa Pr�xedes en numerosas ocasiones, antes de visitarla por primera vez el 24 de marzo de 1997, lunes de la Semana Santa de aquel a�o cuando le toc� el turno anual a Santa Pr�xedes en la rotaci�n de las estaciones de las iglesias.

Le debemos esta maravilla est�tica a las labores del Papa Pascual I, cuyo breve pontificado a principios del siglo noveno contribuy� inmensamente a la belleza de Roma durante lo que la historia se complace en apodar el �Oscurantismo�. Tras destacar que el Papa Pascual reconstruy� esta iglesia cerca de una iglesia de finales del siglo V dedicada a Santa Pr�xedes, Liz Lev explica la intenci�n en el dise�o del Papa:

�La arquitectura est�tica de Pascual se concentraba en la luz: por eso, a lo largo de la nave hay 24 triforios a trav�s de los que fluyen los rayos del sol antes de danzar sobre los peque�os azulejos de cristal de la decoraci�n. La inspiraci�n para el mosaico del �bside fue de la Bas�lica de los Santos Cosme y Dami�n: de nuevo, un cielo azul fascinante, un Cristo con t�nica dorada flota bajo la mano de Dios. Lo flanquean Pedro y Pablo, quienes visten togas senatoriales; Pr�xedes y su hermana Pudenciana, quienes sostienen las coronas del martirio, son acogidas por los ap�stoles y guiadas hacia Cristo�

�Esta reuni�n celestial es superada por una imaginer�a apocal�ptica: el Cordero de Dios, flanqueado por siete candeleros y los s�mbolos de los cuatro evangelistas. Numerosas figuras con t�nicas blancas ofrecen sus coronas de flores. Su procesi�n termina en la cumbre del arco, donde los ap�stoles, Mar�a y Juan el Bautista se�alan hacia Cristo, flanqueado por �ngeles. La obra completa es una invitaci�n a mirar hacia la Ciudad de Dios a trav�s de este mundo.�

De por s�, eso ser�a suficiente. Pero eso no es todo.

El Papa Pascual tambi�n construy� aqu� una capilla funeraria para su madre, Teodora, la Capilla de San Zen�n. Y aunque el mosaico �bside y el arco triunfal de la Bas�lica son tan magn�ficos como los describe Liz Lev, la Capilla de San Zen�n es la que destaca a Santa Pr�xedes como un lugar cristiano que no se debe perder.  

A trav�s de los a�os, he visitado muchos salones espectacularmente hermosos: el Sal�n Decorado del Hospital Naval Real de Wren, en Greenwich, Inglaterra; la Sainte Chapelle, en Par�s; y la Capilla Sixtina que, obviamente, ocupar�a un lugar destacado en cualquier lista. Pero con alegr�a a�adiera a la peque�a Capilla de San Zen�n en Santa Pr�xedes, a cualquier concurso del Sal�n M�s Hermoso en el Planeta Tierra.  Repleto con mosaicos de pared a pared, la capilla procura, como escribe Liz, evocar la experiencia del cielo: �Columnas hermosas alinean las cuatro esquinas, coronadas con capiteles desde los que los �ngeles parecen alcanzar la cumbre de la c�pula, donde Cristo Pantocr�tor mira hacia abajo con serenidad�.

Y sin embargo, entre esta belleza impresionante se encuentra el recordatorio de c�mo y por qu� Jes�s es Se�or y Rey. Un peque�o relicario de cristal al lado de la capilla contiene un fragmento de una columna de piedra, venerada por mucho tiempo como el pilar de la flagelaci�n que precedi� a la crucifixi�n.

La gloria del Cristo Resucitado, expuesta magn�ficamente a trav�s de la Bas�lica de Santa Pr�xedes, es la gloria de la Pascua. La gloria de la Pascua tiene un costo, pues la gloria de la Pascua sigue al sufrimiento obediente del Hijo de Dios en el Viernes Santo. Ah�, en el Calvario, el Hijo cumple la voluntad del Padre al encontrar su destino mesi�nico en un trono cruciforme.

La Pascua se deriva necesariamente del Viernes Santo. Tal lecci�n se transmite a trav�s de los siglos, desde el Papa Pascual I al Papa Francisco.

Powered by Parish Mate | E-system

This site is protected by reCAPTCHA and the Google Privacy Policy and Terms of Service apply