Los m�s pobres de los pobres
Monday, March 10, 2014
*George Weigel
El Papa Francisco ha provocado una conversaci�n valiosa y necesaria sobre nuestras responsabilidades hacia los m�s pobres de los pobres, a quienes algunos est�n tentados a eliminar de la historia como casos perdidos. Esa conversaci�n se ampliar�a si los participantes estudiaran el libro sugestivo de Paul Collier, �The Bottom Billion: Why the Poorest Countries Are Failing and What Can Be Done About It� (�El Club De La Miseria: Qu� Falla En Los Pa�ses M�s Pobres Del Mundo�), publicado por Oxford Press.
Collier comparte la pasi�n del Santo Padre por el bienestar de los m�s pobres de los pobres. Escribi�: �tengo un hijo peque�o de seis a�os. No quiero que crezca en un mundo con una amplia herida abierta � mil millones de personas estancadas en condiciones desesperantes a lo largo de una prosperidad sin precedentes�. Los m�s pobres de los pobres � �el club de la miseria�, en la incisiva frase de Collier � deben ser un desaf�o a la conciencia de todos.
Enfrentar tal desaf�o significa tener los hechos claros, tanto de nuestras circunstancias actuales como de los mejores medios para fomentar la prosperidad.
En cuanto a nuestras circunstancias actuales, el libro de Collier se public� en 2007, previo a las dislocaciones financieras que sacudieron la econom�a mundial. Pero la validez del panorama fundamental que desarroll� contin�a: hay unos siete mil millones de personas en el planeta Tierra; de nosotros, mil millones o m�s disfrutan una prosperidad material sin precedentes; aproximadamente, otros 5 mil millones se encuentran de camino a la prosperidad, aunque en distintas clasificaciones y distintos niveles; y luego est�n las �periferias� del Papa Francisco, el �club de la miseria� que vive en el siglo 21 en t�rminos cronol�gicos, pero cuya realidad, dice Collier, es �el siglo 14: guerra civil, plaga, ignorancia�. Seg�n Collier interpreta los datos, la mayor�a de los pobres del mundo est�n volvi�ndose �no pobres� (pensemos en China o India), pero los m�s pobres de los pobres (pensemos en las vastas franjas de �frica) se deslizan por una pendiente resbaladiza hacia lo que se encuentre m�s all� de la miseria.
Como siempre, la pregunta es, �por qu�?
En principio, los pobres que se vuelven no pobres han sido incorporados en sistemas globales de producci�n e intercambio: a veces bruscamente, no hay duda, y a menudo de manera desigual. Pero cuando el crecimiento econ�mico saca a un gran n�mero de personas de la pobreza, es porque tal crecimiento es parte de un mercado mundial, no de otra fuente. En contraste, los m�s pobres de los pobres, los at�picos del �club de la miseria�, est�n desconectados: desconectados de la econom�a mundial y desconectados de las destrezas y los h�bitos necesarios para participar en lo que se ha convertido en un mercado mundial.
�Y a qu� se debe eso? Collier, quien antes de ense�ar econom�a en Oxford, estudi� en el Banco Mundial los distintos impactos de la asistencia al desarrollo, menciona cuatro �trampas� que mantienen al �club de la miseria� en el fondo. Est� la �trampa de los recursos naturales�, con la que unos pocos oligarcas y pol�ticos se vuelven ricos por los recursos del petr�leo, minerales y otros medios mercadeables, mientras desv�an la atenci�n de un pa�s para evitar que busque la infraestructura humana y el material del genuino desarrollo econ�mico. Est� la �trampa del conflicto�, en la que los pa�ses se destruyen econ�micamente por guerras civiles y/o genocidios. Est� la �trampa del mal gobierno� en la que, debido a la corrupci�n y la mala administraci�n, se desperdicia la ayuda para el desarrollo y se hace imposible que prosperen las inversiones (el equivalente a una anarqu�a end�mica). Y est� la maldici�n de la geograf�a, por la cual los pa�ses atrapados en zonas problem�ticas, terminan con las comunicaciones y el comercio estrangulados.
Todo esto da a entender que Juan Pablo II ten�a raz�n al proponer que los m�s pobres de los pobres eran los que m�s sufr�an como resultado de la marginaci�n por estar atrapados fuera de las redes donde prospera la creatividad humana econ�mica, donde se crea la riqueza, y donde los pobres se convierten en no pobres.
No es sencillo ni es f�cil ofrecer asistencia eficiente a los miles de millones que se encuentran en el fondo, pero es una obligaci�n moral. Si lograr que los pa�ses no sean pobres fuera s�lo cuesti�n de dinero, las grandes sumas que han sido gastadas en asistencia para el desarrollo desde el tiempo de la descolonizaci�n hubieran sido suficientes. Pero es evidente que no se ha hecho el trabajo. Esta no es raz�n para abandonar la asistencia para el desarrollo. El desaf�o es utilizar la asistencia para el desarrollo y otros instrumentos de pol�tica exterior de una manera m�s inteligente y estrat�gica, ofreciendo asistencia inmediata a quienes se encuentran en situaciones desesperadas, mientras se ayuda a establecer culturas p�blicas que puedan sostener la productividad, el intercambio y la prosperidad.
